domingo, 17 de mayo de 2015




Sumisión
Michel Houellebecq. Editorial Anagrama. 288 páginas

Mordiendo sin desgarrar


Houellebecq nos hace un planteamiento realmente interesante: un partido islamista consigue por medios democráticos y legítimos llegar al poder y una vez en él, eliminar de un plumazo dos de los pilares de la democracia moderna: la igualdad entre sexos y la laicidad del estado. Y esto ocurre a la vuelta de la esquina,  en la Francia del año 2022. La primera pregunta que se nos viene a la cabeza es la eterna duda de filosofía política: ¿debe la democracia usar medios no democráticos para acabar con aquellos que la ponen en peligro aunque hayan accedido al poder por medio totalmente legítimos?

El autor nos da la respuesta servida en bandeja: no es necesario porque nadie haría nada. En efecto, pone el dedo en la llaga al apuntar que la sociedad actual dejaría, sin lugar a dudas, que un partido desmontara  los pilares de la democracia ya que el individualismo liberal ha hecho que acabe hastiada de sí misma. Solamente tenemos que fijarnos en el ejemplo del protagonista, François: un intelectual que lleva una vida monótona y aburrida en la que poco a poco va perdiendo el contacto con sus semejantes. Es una persona que va  a lo cómodo, a no complicarse la vida. El problema es que cuando la comodidad prima en nuestras vidas, viene de su mano el  pasotismo y la falta de ilusión y solidaridad. Si no hay pasión ni ganas de emprender nuevos retos, nos convertimos en autómatas que solamente contemplan como van pasando los días sin más. De tanto mirarse el ombligo, no es capaz de levantar la cabeza para entender realmente lo que pasa más allá de sus narices.

Houellebecq nos pone el espejo delante y nos obliga a mirarnos cara a cara con nuestros defectos como sociedad. Hinca el diente, qué duda cabe, pero a la hora de la verdad, su mordisco no consigue tener la fuerza suficiente que apuntaba. Y ello es debido a que en la segunda parte del libro se centra demasiado en la vida intelectual del protagonista, consagrada al estudio de uno de los clásicos de la literatura francesa. En esta segunda mitad, la novela va alternándose entre  el ámbito de la reflexión del pensamiento político y social, donde gana enteros, a terrenos intelectuales elitistas de marcado acento francés donde pierde interés. Parece que el autor deja un poco de lado el afán de  universalidad con el que emprendió la novela.

En conjunto y pese a sus defectos, nos encontramos ante una novela que nos va a hacer pensar, que es exigente con el lector aunque sea de lectura fácil. Creo que sí consigue el que quizá sea uno de los principales objetivos de todo intelectual humanista: que la sociedad tome conciencia de sus defectos para poder mejorar como tal. Y eso ya es mucho. 

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