El guardián invisible
Dolores Redondo. 440 páginas.
Editorial Destino.
Lo que el ojo no ve
El
guardián invisible es el primer libro de la trilogía de novela negra creada por
Dolores Redondo. Esta trilogía está ambientada
en el Valle de Baztán (Navarra) y protagonizada por la inspectora de la policía
foral Navarra, Amaia Salazar.
Pienso
que en una novela negra son menos importantes la narración de los crímenes
cometidos y de los pasos que da el investigador de turno para resolverlos que
las otras cosas que nos quiere contar el autor: la ambientación, la vida
privada del investigador principal, las familias de las víctimas, las
costumbres del lugar donde el crimen ha sucedido, el impacto de los crímenes en
la comunidad, etc. Estos aspectos secundarios son los que para mi dan vida a
una novela negra y nos permiten calibrar
su calidad.
Se
nota que Dolores Redondo ha hecho un esfuerzo por cuidar estos aspectos
secundarios. El Valle de Baztán se nos presenta como un lugar con una magia
especial, dónde hay mucho que no puede explicar la razón, sino las leyendas
y el folclore. Precisamente uno de los
puntos fuertes de la novela es la lucha o contraposición entre razón y mito. La
autora nos recuerda que la mitología es la herramienta primigenia para explicar
el mundo, de ahí que cuando nos fallan los medios actuales modernos y
científicos siempre volvemos al remedio popular que no tiene base científica
alguna, pero que ha sido usado generación tras generación.
A lo
largo de la obra, Amaia se va viendo
obligada a admitir que realidad y leyenda se entremezclan desde siempre y la
mejor manera de explicar la primera es reconocer en ella las influencias de la
segunda.
Redondo
ha construido una novela de fácil lectura, cuya pretensión es entretener al
lector sin dar giros estrambóticos en la trama o poner trampas a la hora de
mostrarnos el culpable o culpables de los crímenes.
Otro
acierto de la autora es la manera en que nos hace ver la presión que soporta
Amaia intentando ser ella misma en todas las facetas de su vida. Es una
inspectora de éxito en un mundo tradicionalmente masculino, en la que algunos
ponen en entredicho su valía por ser mujer. En el ámbito familiar tiene dos
hermanas mayores, una de las cuales le hace de menos cada vez que puede. En el
terreno sentimental, tiene una relación
estable y satisfactoria pero que se encuentra ante un reto que los dos afrontan
de diferente manera. Y por si fuera poco, al regresar a su pueblo natal para
resolver los crímenes debe enfrentarse a fantasmas del pasado que estaban en lo
más recóndito de su mente y que vuelven para atormentarla. No podemos evitar
sentirnos identificados con Amaia al verla realizar auténticos equilibrismos
para que cada parcela de su vida se mantenga en sus márgenes y no invada a las
otras.
Tras
acabar la lectura de El guardián
invisible queda cierta sensación de
que es el inicio de algo no acabado aún. Da la impresión que la autora no
ha acabado de poner toda la carne en el asador, que todavía puede profundizar aún más en el perfil psicológico
de los personajes y en las relaciones sociales que mantienen en el ámbito de
una comunidad pequeña y muy arraigada a las tradiciones, que son los aspectos
que más me han gustado de la novela. Inmediatamente voy a comenzar el segundo
libro de la trilogía El legado de los
huesos para salir de dudas y confirmar que las buenas sensaciones dejadas
en la primera aumentan con el segundo libro.
En
definitiva, nos hallamos ante una obra recomendable si queremos una lectura
fácil y sin complicaciones que nos entretenga y que apunta buenas
posibilidades para posteriores entregas.

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