martes, 5 de mayo de 2015




El guardián invisible
Dolores Redondo. 440 páginas. Editorial Destino.

Lo que el ojo no ve

El guardián invisible es el primer libro de la trilogía de novela negra creada por Dolores Redondo. Esta trilogía está  ambientada en el Valle de Baztán (Navarra) y protagonizada por la inspectora de la policía foral Navarra, Amaia Salazar.


Pienso que en una novela negra son menos importantes la narración de los crímenes cometidos y de los pasos que da el investigador de turno para resolverlos que las otras cosas que nos quiere contar el autor: la ambientación, la vida privada del investigador principal, las familias de las víctimas, las costumbres del lugar donde el crimen ha sucedido, el impacto de los crímenes en la comunidad, etc. Estos aspectos secundarios son los que para mi dan vida a una novela negra  y nos permiten calibrar su calidad.


Se nota que Dolores Redondo ha hecho un esfuerzo por cuidar estos aspectos secundarios. El Valle de Baztán se nos presenta como un lugar con una magia especial, dónde hay mucho que no puede explicar la razón, sino las leyendas y  el folclore. Precisamente uno de los puntos fuertes de la novela es la lucha o contraposición entre razón y mito. La autora nos recuerda que la mitología es la herramienta primigenia para explicar el mundo, de ahí que cuando nos fallan los medios actuales modernos y científicos siempre volvemos al remedio popular que no tiene base científica alguna, pero que ha sido usado generación tras generación.


A lo largo de la obra,  Amaia se va viendo obligada a admitir que realidad y leyenda se entremezclan desde siempre y la mejor manera de explicar la primera es reconocer en ella las influencias de la segunda.


Redondo ha construido una novela de fácil lectura, cuya pretensión es entretener al lector sin dar giros estrambóticos en la trama o poner trampas a la hora de mostrarnos el culpable o culpables de los crímenes.


Otro acierto de la autora es la manera en que nos hace ver la presión que soporta Amaia intentando ser ella misma en todas las facetas de su vida. Es una inspectora de éxito en un mundo tradicionalmente masculino, en la que algunos ponen en entredicho su valía por ser mujer. En el ámbito familiar tiene dos hermanas mayores, una de las cuales le hace de menos cada vez que puede. En el terreno sentimental,  tiene una relación estable y satisfactoria pero que se encuentra ante un reto que los dos afrontan de diferente manera. Y por si fuera poco, al regresar a su pueblo natal para resolver los crímenes debe enfrentarse a fantasmas del pasado que estaban en lo más recóndito de su mente y que vuelven para atormentarla. No podemos evitar sentirnos identificados con Amaia al verla realizar auténticos equilibrismos para que cada parcela de su vida se mantenga en sus márgenes y no invada a las otras.


Tras acabar la lectura de El guardián invisible queda cierta sensación de  que es el inicio de algo no acabado aún. Da la impresión que la autora no ha acabado de poner toda la carne en el asador, que todavía puede  profundizar aún más en el perfil psicológico de los personajes y en las relaciones sociales que mantienen en el ámbito de una comunidad pequeña y muy arraigada a las tradiciones, que son los aspectos que más me han gustado de la novela. Inmediatamente voy a comenzar el segundo libro de la trilogía El legado de los huesos para salir de dudas y confirmar que las buenas sensaciones dejadas en la primera aumentan con el segundo libro.


En definitiva, nos hallamos ante una obra recomendable si queremos una lectura fácil y sin complicaciones que nos entretenga y que apunta buenas posibilidades para posteriores entregas.




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